lunes, 10 de enero de 2011

Fronteras

Naci del lado blanco del mundo. Familia bien constituida: obrera y trabajadora. Asumí los mandatos de hija: buena alumna, adaptada, cariñosa. Me casé, trabajé, tuve un hijo. Fui heterosexual por compulsión, igual que cristiana: nunca me permitieron la duda.
Nunca sentí en mi espalda la sanción infame de la diferencia, a duras penas los rasgos clasistas y tilingos que nos ataca a la clase media. Si sentí hambre lo elegí, si tuve frio fue por propia desaprensión. Nunca me faltó un techo y el dulce abandono del cobijo. Siempre tuve “seguridad”.
Nací del lado “correcto” de la línea. Línea que aprendí a correr a fuerza de comprensión, reflexión peleas internas y estudio, pero nunca es suficiente para pararme del otro lado.
No puedo. No puedo sentir desde la carne el desasosiego de la pobreza, el dedo acusatorio de racismo, el miedo al desamparo vital. Sencillamente porque no nací allí.
Pero puedo hablar, puedo luchar, puedo señalar. Puedo acusar a los señores que nacidos de este lado, impunemente atacan, reprimen, abandonan o simplemente olvidan. Figuras de lo abyecto.
Podemos todos: es la responsabilidad que nos corresponde a los que en el arbitrario e injusto reparto del mundo, nos toco el lado blanco.

1 comentario:

  1. Es cierto y muy interesante tu reflexión... En lo particular agradezco el privilegio de haber podido estudiar y también a mucha de la gente que conocí que alimentaron esa lucha interna que creo que siempre llevaré, por romper esas estructuras de la infancia y adolescencia para poder tener una visión mucho más amplia de todo lo que me rodea. Es un crecimiento continuo... día a día la dimensión del mundo entra en duda, busco respuestas, reflexiono, aparece la duda... Un beso
    Oscar Rossi

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